viernes

Algunas mentiras acerca de San Martín



El acto del colegio fue así: Carnevali, De La Barra y Arusmendi, grandotes y macizos, representaban a la cordillera de los Andes. López Peña, con las patillas de corcho quemado que le cruzaban los dos cachetes, era San Martín y les pedía permiso para pasar. Las montañas deliberaban un momento y, con toda cortesía, le decían que no, que ni a palos. Entonces yo (que era su granadero asistente) le hacía un estribo con mis manos, López Peña se trepaba sobre los hombros de los Andes y el colegio se venía abajo de los aplausos. Y el verdadero San Martín -que estaba en el cielo con mi abuela, con Belgrano, con Colón y con los dinosaurios- nos aprobaba asintiendo con la cabeza, o no.

-Yo puedo hacerlo reírse -dijo el pintor de retratos. - Que se prepare ese San Martín. Si alguien es capaz de hacerle mostrar la dentadura, ese voy a ser yo, es decir, Gil de Castro. Al otro día, San Martín se presentó a posar para su retrato; Gil de Castro lo recibió vestido de dama andaluza. San Martín, ni se mosqueó. Durante los días siguientes apareció vestido de mulato, de Fernando VII, de Libertad Guiando al Pueblo y de Emperador de la Cochinchina. Fueron esfuerzos inútiles. "Al cuerno", dijo, ya harto: el último día mostró su cuadro al Libertador de las Américas, lo despidió con fingido respeto y le pintó una sonrisa a su retrato.

De todos los monumentos a San Martín, el que más me gusta es este: la Templanza, la Magnanimidad y el Pundonor conversan animadamente mientras hacen fila para felicitar al Libertador. Detrás de ellos esperan su turno las tres Gracias, la Conciencia Escrupulosa y tres de las nueve Musas. Una secretaria -graduada en el Instituto Sanmartiniano- les dice que el General está en una reunión. San Martín, mientras tanto, se ha quitado las botas y está leyendo una revista Condorito; la Gloria le sirve un chocolate caliente con bay-biscuits.

La historia -que cuando te muestra uno, quiere decir que te escondió nueve- jamás te va a contar lo que pasó allá dentro. Yo supongo que Bolívar cerró la puerta, contó hasta diez y la volvió a abrir, para asegurarse de que no hubiera ningún curioso con la oreja pegada al vano. Después se sentó frente a San Martín y lo examinó como un niño de seis años examinaría una ecuación de logaritmos. San Martín lo miró sin mirarlo. Pasaron así una hora larga. Entonces, Bolívar se levantó y dijo:
-Entonces, se hará lo que deba hacerse.
-No esperaba otra cosa - dijo San Martín.
Luego se puso de pie, le dio la mano y se fue.

En sus últimos días, San Martín se paraba al borde del acantilado. Mientras el viento trataba de despeinarlo y las olas le salpicaban los pies, él se acordaba de aquel diálogo con su hija Remeditos:
-Yo vivo para el futuro, Remeditos... -le dijo, como disculpándose. -El pasado vamos a dejárselo a nuestros descendientes.
-A mí me toca la peor parte, entonces -respondía Remeditos. -Voy a tener que ocuparme del presente
Al borde del acantilado, San Martín se quedaba quieto, duro, observando el mar y las olas. Y ensayaba poses para cuando fuera bronce.

Crucigrama sin Diagrama


(sólo para viciosos de las palabras cruzadas)

HORIZONTALES:
1) Punto no cardinal.
2) Oca, ánsar, ánade, pato, batracio anuro, bisonte de Eumpa, contracción, voz de arrullo, oficial turco, aire popular de las Islas Canarias.
3) Pez acantopterigio que se alimenta con cerveza ligera inglesa y se expresa en lengua provenzal.
5) Metal horrible.
6) Cruza de ave corredora australiana y sobrino de Abraham.
8) Apócope de Noé.
9) Aféresis de Cam.
12) Oto, autillo, actinio, astato, átomo con carga eléctrica, yerno de Mahoma, oclusión intestinal, ciudad caldea, etc.

VERTICALES:
1) Cuarta nota musical (empezando a contar desde el la sostenido).
4) Piedra del altar, aperos de labranza, campeón, el primero en su especie, trasero en inglés, desinencia de los alcoholes.
5) Acusativo de graves delitos.
7) Pendiente, aro, arete, anillo, agarradera, asa, ciudad donde nació San Francisco, en California.
10) Juntar, unir, atar, liar, amarrar, soga gruesa de esparto.
11) Indio bíblico de Tierra del Fuego, que derramó su simiente en tierra.
12) Moderno nombre de la nota Ut.
13) Dios egipcio del trueno escandinavo.
28) Yunque del exitoso conjunto musical "Los Plateros".

Canciones


“Ya lo estoy queriendo.
Ya me estoy volviendo canción”

Luis Alberto Spinetta.

Cuando era chico aprendía muchas canciones de amor para poder cantarlas cuando estuviera enamorado. Y canciones tristes para cuando estuviera en situación de llorar. Y canciones alegres para salir de mi casa por la mañana, con el sol haciéndome cosquillas: Que para eso está la infancia (y la adolescencia, y la juventud): para llenarse de canciones. Para atesorar el material de tarareo necesario para el resto de nuestras vidas.
Corolario: ser joven es seguir buscando canciones nuevas que tararear.

Don Atahualpa Yupanqui escribió miles de canciones y cuando una vez un periodista le inquiriera respecto de si había estudiado música, le respondió que no: “Sólo he estudiado mucho silencio”, respondió. Tenía razón. Las mejores canciones son las que no necesitan asesinar el silencio, sino hacerse sus amigas.

Me desperté con frío en los pies y lagañas en mis ojos, y ese Hit que suena en mi cabeza. Los hits son canciones que parasitan en nuestras mentes para poder sobrevivir a costa de nuestros pensamientos. Los hits son los troyanos de la conciencia. Pagaría lo que sea a la persona que me enseñe cómo se desaloja a estos intrusos.

Hay canciones que detesto porque me engañaron. Siento por ellas ese odio sociabilizado que sólo se tiene hacia los viejos amores que ya no son. Ellas me abandonaron, pasaron los años y las encontré de vuelta; hoy me juran que todo volverá a ser como antes. Y me ruegan que vuelva a cantarlas, aunque más no sea por gratitud a aquellos tiempos.
Pero no hay caso: soy capaz de perdonar cualquier cosa, de olvidar todos los agravios y las infidelidades. Pero jamás podría perdonar a una canción que me ha mentido.

Cuando muera, Dios va a acercar su oreja a mi corazón para auscultar las canciones que me quedaron dentro. Yo voy a pedirle perdón por todo ese tiempo -¡Horas, días y años de mi vida!- que he “perdido” escuchando las canciones “equivocadas”.

Yo conozco una canción vieja: Cuando se la canta, el hoy deja de ser hoy y se convierte en ayer. También sé de una canción que sabe detener el reloj. Quizás ahora, en este mismo momento, aunque no seamos capaces de descifrarla, estamos escuchando una de aquellas canciónes de mañana. "Esto lo toqué mañana", dice el trompetista del cuento de Cortázar
La música es uno de las pocos poderes capaces de confundir al tiempo y de recobrar lo mejor de nosotros mismos.