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miércoles

Sin pilas


Hoy me puse las pilas y salí para el trabajo con una gran curiosidad de saber cómo sería aquello. Es que ayer, a última hora, nuestro Presidente Ejecutivo nos anunció que la agencia había cambiado su política energética y que ya no podrían proveernos de la fuerza necesaria para cada día, por lo que, a partir de ese momento, cada uno de nosotros tendría que llegar al trabajo provisto de su propia fuente de energía.

El edificio de la empresa estaba a oscuras: apenas se veía el deambular por los pasillos de unas pequeñas luces inestables y desorientadas, como luciérnagas moribundas. Sufriategui, el creativo, me esperaba en un pasillo. Se lo veía abatido.

-¿Me soplás hasta mi escritorio? –me pidió en un hilo de voz.

Sufriategui funcionaba con energía eólica. Lo empujé, por lo tanto, soplándolo, como si fuera un velero. Después pasé el resto de la jornada animando a mi equipo de trabajo y, al final del día, yo también me encontraba casi sin pilas.

Después de haber soplado a Sufriategui, dado cuerda a Bocayuva e impulsado a muchos otros que funcionaban por simple energía cinética; agotado, ya sin fuerzas, le pedí un último empujón a Murguiondo, nuestro director de cuentas, que se movía con energía solar. Pero Murguiondo –parado delante de un espejo, tratando en vano de alimentarse con su propia y escasa luz- apenas si podía, él mismo, mantenerse en pie y, después de un titilar agónico y vacilante, terminó extinguiéndose como una voluta solar multicolor.

La noche avanzaba, todos nos íbamos apagando lentamente junto con nuestras computadoras. El único de todos nosotros que se mantenía contento y sospechosamente vivaz era Saráchaga, el artefinalista, que funcionaba con tracción a sangre, porque era un vampiro.

jueves

Malinterpretaciones


De todos los cuadros del museo, el más extraño es el de aquella mujer, madura, pero todavía joven, que nos mira y nos sonríe mientras esconde algo detrás de su espalda. El primer catálogo del museo (1892) lo describe como “La Alegoría de la Previsión y el Ahorro, que lleva tras de sí al Progreso y la Industria”. Treinta años después, el historiador Marío Ineso Schmidt describe a esta mujer como “la alegre esposa del labriego, que recibe a su marido con una sorpresa, tal vez un nuevo hijo”. Sin embargo, en el último catálogo razonado del museo se nos habla de “el retrato de la adúltera Clitemnestra, que con hipócrita sonrisa invita a su esposo Agamenón al lecho, mientras esconde tras de sí la daga asesina, pronta a apuñalarlo con la energía que el encono y la adúltera lascivia le prestan”.

Todos los miércoles visito el museo, me siento frente al cuadro y leo su etiqueta. Simplemente dice: “Una mujer. Óleo”.

Te miré. Leí en tu mirada (que parecía decirme “éste es el momento”) y me arrojé encima de ti para besar tu boca, pero vos te inclinaste y terminé estampándote un beso sobre tu ojo izquierdo; avergonzado, retrocedí, pero vos quisiste tomarme de mi brazo, y te quedaste con un pedazo de mi corbata entre tus manos; yo volví a intentar el beso definitivo, pero chocamos con violencia y dolor nuestras sienes. Algún día llegaremos a besarnos, y sólo espero que no sea demasiado tarde.

El sello discográfico Deutsche Grammophone, en su colección “Grandes Malinterpretaciones” acaba de editar las históricas grabaciones de Gabriello Cantalamessa, quizás el peor intérprete de Chopin en toda la historia de la humanidad. “Ustedes no me comprenden, pero yo toco para el futuro”, decía Gabriello. “Cantalamessa toca para el pasado. Sus oyentes ya murieron”, sostenían algunos críticos. Yo creo que no tocaba ni para el pasado ni para el futuro: yo creo que tocaba para la mierda.

El primer filme de Margretto Sock, “Familias disfuncionales”, era una prolija recreación de las duras y trágicas experiencias de su infancia. Pero el público se desternilló de risa y la película fue definida por el New York Times como “la mejor comedia en un año de comedias”. Cuando Sock escribió el guión de la secuela decidió agregar algunos toques de humor y poner punto final a la saga con un final optimista y esperanzador. Pero –sospechó, al ver a su público, a la salida del estreno- algo debería andar mal; que tantos eran los llantos desconsolados, los pañuelos húmedos y los ojos enrojecidos...

Está todo ahí: no hay más que leer los diarios de la época. Los candidatos fueron claros y sólo nos prometieron más pobreza, más desocupación y más dureza: Más de lo mismo! Pero nosotros –que no los entendíamos, o no queríamos entenderlos- fuimos a las urnas y los votamos con entusiasmo, porque detrás de cada amenaza queríamos ver una promesa. Así de ciegos esta(ba)mos.

Ay! de los escritores que sean comprendidos por sus contemporáneos. Ay! de mí -lector o lectora- si entendieras lo que trato de decirte.

martes

Y vos qué mirás



Adelmo Cacasorno fue el primer árbitro ciego de la historia del fútbol. Durante dos décadas arbitró partidos en Villa Insuperable hasta su retiro voluntario, luego de que una desgraciada intervención quirúrgica le devolviera la vista. Los que lo vieron dirigir en sus tiempos de gloria cuentan que no era ni más ni menos injusto que sus colegas videntes. Y que cuando le preguntaban como hacía para dirigir un partido sin verlo, respondía:

-Y... ¡pá lo que hay que ver!

Narciso te mira fijamente y sus ojos te parecen dos preguntas y dos respuestas, y estás a punto de caer en sus brazos pero no lo hagas, porque Narciso sólo tiene ojos para sí mismo y si te mira es porque quiere ver su reflejo en tus pupilas, y así saber si está bien peinado.

Un error en los cálculos del experimento lo convirtió en el Hombre Mosca: cuerpo de hombre y cabeza de insecto. Y en vez de dos, cientos de ojos: ojos en la cara, en la frente, a los costados, en la nuca, en el c...

A una persona con tantos ojos nada se le podía escapar. El Hombre Mosca pronto consiguió empleo como celador de un renombrado colegio secundario, y nadie podía contradecirlo: lo veía todo!. Pero murió solo -el pobre-; porque, a diferencia de los demás, nunca necesitó de la presencia de alguien que lo ayudara a completar su mirada.

Llevaban semanas enteras sin ver tierra. Sin embargo, los planos del capitán eran precisos y determinantes: la costa aparecería por estribor. Pero la costa no aparecía; la tripulación pasaba sus ratos de ocio sentada sobre la cubierta: los brazos acodados en la barandilla y los ojos fijos en el horizonte, hasta que dolían. Varias veces escucharon el grito del grumete: ¡Tierra a babor! ¡Tierra a babor! Pero no le hicieron caso. A la semana, el grumete se quedó afónico o se cansó de discutir. Si hubieran mirado hacia babor, hubieran descubierto América.

A veces, sabemos con tanta claridad hacia donde tenemos que mirar, que no somos capaces de ver nada.

El gran peligro es que el universo desaparezca en un parpadeo, si el Gran Dios de los Hutos deja de mirarlo. Es por eso que los sacerdotes hutos -en representación de su Gran Dios- se dedican a observar con obsesión y solicitud a cada una de las construcciones de la tribu, de los terrenos y de los sembradíos.

Los obreros de la municipalidad de Almirante Brown, en Buenos Aires, salen a la calle en grupos de a cuatro: son tres que hacen el trabajo y uno que los mira trabajar. Este último cumple una función esencial: sostiene con su visión el trabajo de sus compañeros, para que el esfuerzo de éstos no se esfume por negligencia de la mirada.

Digamos la verdad, de una vez por todas. La Bestia no era un príncipe hechizado: era una Bestia hecha y derecha. Porque Bestia había nacido y Bestia hubiera muerto, si no fuera porque la Bella lo creía príncipe, lo trataba como así lo fuera y se pasaba tardes enteras mirando y ad-mirando a su Alteza. Lógicamente, de tanto ser observada de esta manera, la Bestia terminó por convertirse en príncipe. La mirada amorosa, cuando es persistente, tiene esos poderes...

También conozco personas que, con el solo poder de su visión, han convertido a su príncipe en una verdadera Bestia, y a su princesa en una verdadera bruja.


domingo

La memoria de Lourdes


La memoria es como una esponja, decían hace siglos. O como un balde. O como una tabla. Eran tiempos sencillos, donde una cosa era una cosa o, a lo sumo, otra cosa diferente. Hasta que alguien se le ocurrió pensar que nuestra cabeza era algo parecido a una máquina. Eureka, dijeron los ilustradores de manuales escolares y se pusieron a dibujar esas cabezas que por dentro están llenas de engranajes y poleas; si pensás mucho, el mecanismo se recalienta y te empieza a salir humo.

Hoy se dice que nuestra mente es como una computadora, y yo les creo. Principalmente porque Lourdes –mi computadora, el objeto de mis desvelos- cada vez se comporta de una manera más parecida a mí. Lourdes empieza a olvidarse de las cosas, pierde mis datos importantes y me los trae de vuelta cuando ya no los necesito. El sábado pasado no pude hacer casi nada porque –entre otras cosas- Lourdes se olvidó de arrancar. El técnico trató en vano de acceder a su memoria. “Vamos a tener que formatear el disco”, me dijo lacónicamente, y yo sentí lo que el dueño del corralero cuando le piden que sacrifique al potrillo. Pero yo dije sí, y lo sacrifiqué, personalmente, apretando el botón ENTER.

Por suerte tengo varios CDs con mis archivos, que llega hasta abril del 2004. Todo lo que pensé y escribí (dos o tres cuentos, muchos apuntes, algunos fragmentos de guiones) flota hoy en la Tierra de las Palabras Perdidas, junto a las promesas vanas de los políticos y los amantes.

En “Cuéntame tu vida” (Hitchcock, 1945), Gregory Peck perdía su memoria y la doctora Ingrid Bergman lo ayudaba a recobrarla. Gregory había vivido una situación traumática que en este tipo de películas era siempre la misma: el haber visto el asesinato de un ser querido. Con el tiempo el truco se convirtió en un recurso típico del policial: hay un culpable y un amnésico. Curen al amnésico y obtendrán un culpable.

Lourdes, mi computadora, mi “negrita linda”, acaba de perder la memoria de los últimos cuatro meses. Andá a saber lo que habrá visto, la pobrecita!

jueves

La Sirvienta


- Escucháme, ¿no viste mi cartera marrón?
- Sí, la vi muchas veces.
- Me refiero, si no viste dónde está.
- ¿La perdiste?
- No, sin embargo no la encuentro.
- Si no la encontrás es que la perdiste.
- No, a lo mejor me la robaron.

- Yo no fui ¿Sospechás de alguien en especial o de alguien en particular?
- Creo que fue la sirvienta.
- No creo; a ella le robaron hace un mes.
- ¿Y qué tiene que ver?
- Que si ella es victima, tambien sea ladrona. O es victima o es ladrona. Al menos en las peliculas es así.
- Yo vi una pelicula donde robaban a un ladron.
- Entonces debe ser ella: vamos a su casa. ¿No viste las llaves de mi coche?
- No veo ni las llaves, ni veo tu coche.
- ¿Tambien te robo tus lentes?
- No, creo que tambien se robaron tu coche.
- No puede ser, lo compré hace un mes apenas.
- Eso no importa. Yo habia comprado mi cartera hace quince dias y me la robaron.
- ¿Es un ladron que roba cosas nuevas?
- Debe ser un niño.
- ¿Sera el hijo de la sirvienta?
- Ella nunca se casó.
- Pero puede tener un hijo.
- No lo habia pensado... tenés razón. Quizás nunca se casó porque sus novios descubrían que era una ladrona.
- Y hasta seguramente que le robó a algun novio, a alguna amiga.
- Mirá: ahora que lo decís, no lo dudo ni un poco ¿Sera robado su hijo?
- Y, siendo como es, yo creo que sí.
- ¿Robará cosas para ella o para venderlas?
- ¿Para que va a querer ella un coche, si no sabía manejar?
- O sea que roba para vender.
- Sí, creo que sí... pero nadie vende un coche robado así como así. Tiene que tener contactos, otra gente... conexiones!
- Debe formar parte de una organizacion.
- Esas organizaciones los llevan a otras provincias, otros paises y los venden con papeles nuevos, permiso de circulacion, placas...
- Pero, eso no lo pueden hacer si no tienen gente metida en el gobierno, que le consiguen sellos y papeles, de todo...
- ¿A vos te parece que ella ande en eso?
- Y ¿no viste la cara de santita que tiene siempre?
- Sí, así como de demasiado buena ¿no?
- ¿Qué hacemos? ¿La echamos?
- ¿Estás loco? Pueden tomar represalias. Mirá si se enoja, o se da cuenta que la descubrimos, le cuenta a sus jefes y nos mandan un par de tipos y nos pasan la cuenta.
- Entonces, nos conviene quedarnos con ella. Eso, de alguna manera, nos protege. Yo prefiero que esté ella robándonos, que ya la conocemos, y no que nos manden a alguien que entre por la ventana. Yo no quiero correr ese riesgo.
- No, por Dios, eso ni pensarlo... ¿Y qué hacemos si se quiere ir a trabajar a otro lado?
- ¿Por qué? ¿Te dijo algo?
- No, pero el otro día la note con una cara medio así...
- ¿Cómo "asi"?
- Y, medio como así… Como cuando uno anda pensando algo.
- Será posible!... eso es lo único que nos faltaba.
- Tenemos que convencerla de que no se vaya.
- Aumentémosle el sueldo. ¿Qué te parece?
- Pero, si estabamos ahorrando para las vacaciones...
- No las hacemos, y listo!. ¿O vos preferis que entre un tipo por la ventana y te pegue un tiro?
- Ni hablar, es cierto. El dinero se recupera, pero la vida no... aumentémosle; mirá, ya veremos a donde podemos ir, o en todo caso nos vamos el año que viene...
- Sí... y la llevamos a ella, cosa que uno pueda viajar tranquilo y no con el miedo de que te roben acá o allá.
- Por supuesto, después de todo la conocemos: es nuestra sirvienta, ¿no?
-Tenés razón.

miércoles

Peristilo



En general no me gusta escribir. Me gusta haber escrito. Y sigo soñando con hacer un libro que se pueda leer sin tener que depender de este asunto de las palabras.

¿Sabés por qué faltaron los Leiva's News durante un largo períododo de mi vida? (Y quizás de la tuya) Porque estuve muy ocupado tratando de escribir sin tocar una palabra. Dedicándome a construir mi carrera literaria sobre la base de no tener que escribir ni un pepino.

Eso no quiere decir que me haya quedado sin palabras. Durante mucho tiempo las junté y las guardé, por si acaso. Como clavos viejos en envases de mermelada sin etiqueta, almacenaba palabras como: "albur", "nictalopía", "longanimidad" o "reconcomio".

Una mañana de primavera me levanté con ganas de escribir algo, pero no encontré más palabras. Algunas se pudrieron. Otras se fugaron.
La palabra "desmanicomialización" se metió en algún libro de psiquiatría. A la palabra zahir le fue muy bien: consiguió un buen trabajo en un libro de Coelho y ahora aparece en todos lados, pero ya me mira con indiferencia.

Sólo me aguardaba una palabra: "Peristilo". Recuerdo que hice un hueco entre mis manos, la tomé y la acuné como a un hamster. “Te voy a cuidar, te voy escribir en una hoja blanca, te voy a poner por todos lados, te voy a hacer una novela histórica de veintisiete tomos que se llame ‘El Peristilo’”, le canturreaba con ternura. Después llené las paredes del barrio con esa palabra.

Peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo.

Algunas palabras, ya descompuestas por el paso del tiempo, andaban flotando por el aire. Se volvieron otra cosa: ni sonido ni silencio. En mi apartamento ya no se podía ni pensar, por tanta palabra suelta no dicha ni escrita. Atraídas por el olor a desintegración se aparecieron otras más, de puro curiosas. Y mi vida se llenó de palabras reales y aparentes. Yo atrapé las que pude y empecé a escribir.

Hoy sospecho de mí mismo. Hoy supongo que estas líneas son el último paso dentro de un plan maestro inconsciente e involuntario. Una trampa que me tendí yo mismo sin pedir mi aprobación. Que la pereza de no escribir algunos meses, hace mucho tiempo, fue la invención y causa de este texto para poder existir. Y que escribir es el camino más largo, retorcido y complicado de hacer silencio.

Peristilo.

martes

Franquicias Abiertas


…Y al principio el mundo en el que vivíamos era mucho más pequeño que el de ahora. Todavía no se había inventado la distancia y cada quien se entretenía trotando sobre una misma baldosa. A veces, alguno se olvidaba de permanecer, y desaparecía violentamente y a toda carrera. Pero nadie se preguntaba sobre la razón de su desaparición. “Este mundo será todo lo pequeño que quieras, pero, además, es misterioso”, decía alguien. Y los demás asentíamos.

Un día reapareció uno de nuestros compañeros perdidos. Si bien no sabíamos a quién adjudicarle la invención de la partida, a él le correspondió la fortuna de haber inventado el regreso. A partir de entonces, la vida fue un continuo ir y volver, de aquí para allá. Los más esclarecidos seguíamos permaneciendo en nuestra baldosa, allí donde nos puso el destino. Pero las nuevas ideas (si se nos permite la metáfora) corrían mucho más rápido que las nuestras. Todo cambiaba, hasta las mismas teologías: mientras nosotros seguíamos honrando a nuestro Dios de la Permanencia, todos empezaban a adorar a los Dioses del Éxodo, del Camino, de la Ausencia y la Espera.

No fue bastante. Nunca era bastante. Una secta combinó la invención de la llegada con la de la partida, y la unión de ambos engendró el viaje con propósito. “Si te vas de alguna parte, es para llegar a otra”, declaraban los snobs y los presuntuosos. Aunque esto parecía reducir notablemente la cantidad de corredores -que tenían que buscarse un lugar hacia el cual llegar, o al menos otra persona que los persiguiera- ellos cada vez eran más y nosotros cada vez menos.

Es natural que nuestra Iglesia del Dios de los Corredores Inmóviles, a la vista de lo sucedido, parezca haber quedado rezagada, pero nunca nos hemos detenido (si se nos permite el juego de palabras).

Hoy, somos los dueños de una importante cadena de gimnasios llenos de aparatos de cintas para correr y bicicletas para hacer spinning. Y los que vienen a ejercitarse, aprenden a correr (sin saberlo) como en aquellos tiempos felices solíamos hacerlo todos: sin distancias, ni destino, ni propósito, ni necesidad de llegar a ninguna parte.

viernes

Crucigrama sin Diagrama


(sólo para viciosos de las palabras cruzadas)

HORIZONTALES:
1) Punto no cardinal.
2) Oca, ánsar, ánade, pato, batracio anuro, bisonte de Eumpa, contracción, voz de arrullo, oficial turco, aire popular de las Islas Canarias.
3) Pez acantopterigio que se alimenta con cerveza ligera inglesa y se expresa en lengua provenzal.
5) Metal horrible.
6) Cruza de ave corredora australiana y sobrino de Abraham.
8) Apócope de Noé.
9) Aféresis de Cam.
12) Oto, autillo, actinio, astato, átomo con carga eléctrica, yerno de Mahoma, oclusión intestinal, ciudad caldea, etc.

VERTICALES:
1) Cuarta nota musical (empezando a contar desde el la sostenido).
4) Piedra del altar, aperos de labranza, campeón, el primero en su especie, trasero en inglés, desinencia de los alcoholes.
5) Acusativo de graves delitos.
7) Pendiente, aro, arete, anillo, agarradera, asa, ciudad donde nació San Francisco, en California.
10) Juntar, unir, atar, liar, amarrar, soga gruesa de esparto.
11) Indio bíblico de Tierra del Fuego, que derramó su simiente en tierra.
12) Moderno nombre de la nota Ut.
13) Dios egipcio del trueno escandinavo.
28) Yunque del exitoso conjunto musical "Los Plateros".