
En el principio, la cosa era muy sencilla. Tal vez demasiado: al mar se lo llamaba “El Mar”, a la montaña, “la Montaña Esta”. Y para los recién nacidos los nombres de moda eran “Ese”, “Vos” o “Ella”. Todavía no se estilaba "Aquel" o "Aquella", vaya uno a saber por qué.
Pero un día, "Ese" se ahogó en "El Mar", y el mar empezó a llamarse "Mar de Ese". La gente se acostumbró a bautizar a los lugares con los nombres de las personas: Loma del Peludo, Cañada de Gómez, Estrecho de Magallanes, Cañon del Pelirrojo (o bien, del Colorado).
Curioso destino, el de aquellos sujetos que terminaron convirtiéndose en lugares. Yucatán o Burzaco, Jean Jaures o Simón Bolivar. Hoy los vemos caminar inadvertidamente por las calles, pero algún día ellos mismos serán la calle que va a ser caminada por otros que quizá se conviertan en calles o cortadas o pasajes, a su vez.
“Polvo somos y al polvo volveremos”- reza el Libro de los Libros. Lo nuestro es la suma de unas pocas décadas de vida, y decenas, cientos, miles de años abonando la corteza terrestre. (Eso es lo que quiere decir la palabra humano: “que pertenece a la tierra”). Y ¿si yo me llamara “Río” y vos fueras “Isla”? ¿Si a nuestros hijos los bautizáramos como “Cerro”, “Naranjo” o “Playa”? Sería, estrictamente, justicia.
Somos un espacio que se mueve. Somos un lugar peregrino, una geografía errante. Somos un pedazo de tierra al cual –por un cortísimo lapso de tiempo- se le concedió el privilegio de echarse a andar.
Vivamos para ser, ante todo, un lugar hospitalario, y no para pretender llevar el nombre de una calle que, seguramente, estará llena de huecos; o un parque, a la postre, cagado por los perros.
2 comentarios:
Te he nominado para el premio weblog brillante, te dejo el premio en mi blog. Y gracias por lo que me das en el tuyo
No podía ser para menos, este blog es brillante! Zina, aquí parece que se devela el blog que tomará la posta en el blog consentido de la semana en el mío. Encantado de conocerte Leiva.
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