miércoles

Un Secreto


En el momento del nacimiento -junto con la tierra natal, la fecha de cumpleaños y el color de pelo- cada niño de Llavallol recibe un destino, con sus gozos y sus fatigas. El padre toma al recién nacido en sus brazos, y, con un pincel y un poco de tinta indeleble, garabatea un signo sobre su nuca, que es la zona del cuerpo donde se encuentra el porvenir de cada persona. Este signo, que representa su destino, puede ser un dibujo (un automóvil, una ardilla) o una palabra ("peristilo", "reconcomio"). El pelo del bebé crece rápidamente y el destino queda escondido detrás de su melena: ni él ni nadie podrán verlo mientras dure su existencia. La vida de cada llavallolense -salvo para aquellos que son tan pobres, que ni destino tienen- se vive de espaldas al propio signo, a ese dibujo tan escondido, a esa rasgo tan íntimo que ni uno mismo es capaz de conocerse. Sólo a los monjes y a los criminales se les permite rasurarse la cabeza: para vergüenza y escándalo, andan con el destino a la vista de todo el mundo.

Después de morir, (junto al regalo de una fecha de defunción, una eternidad y algunas lágrimas sentidas o fingidas) cada llavallolense recibe un sentido. El hijo se acerca al cuerpo de su padre, y, con un pincel y un poco de tinta indeleble, va trazando un signo sobre su frente, que es la parte del cuerpo donde se aloja el pasado de una persona. Este signo puede ser un dibujo (la península de Yucatán, una bicicleta) o una palabra ("passepartout", "miomancia"). Después llegarán los sacerdotes, que serán los encargados de cortarle el pelo, tomar una yilé para afeitar su cabeza y exponer ante la curiosidad del mundo el destino secreto y el sentido final de esa persona.

Es muy difícil encontrar una persona en la que concuerden los dos signos, el de la nuca y el de la frente. Algunos sostienen que la perfección de una vida consiste en la coincidencia entre esos dos dibujos. Otros creen que el verdadero trabajo de esta vida consiste en oponerse al primer signo, aún sin conocerlo, y llegar a merecer el signo opuesto. Por último, los conciliadores -que no pueden ver a nadie discutiendo- dicen que el dibujo de la frente es el mismo dibujo de la nuca, que se ha transfigurado y modificado con el paso de los años.

En estas discusiones, en las tardes de Llavallol, se nos va la vida.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me encanta la capacidad que tiene de hacernos parte de sus escritos....por lo menos eso siento yo cuando los leo. Además puedes escribir de tantas cosas con tanta habilidad y facilidad que me da envidia.
Por eso y por mil razones, muchas felicitaciones al creador de estos maravillosos cuentos.