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Maurice Carné y las amebas


A fines de la década del ’60, el biólogo francés Maurice Carné comenzó a investigar la vida social de las amebas. (No hay nada más aburrido que la observación de las amebas: seres que no manifiestan ninguna clase de afecto ni ambición, como algunos hombres). Luego de cinco años de observación sistemática y minuciosa, se encontró con las manos vacías, se encerró en su bohardilla y escribió -de un tirón- su obra cumbre: "Pucky: Escenas de la vida privada de una ameba".

Pucky es la descripción –tan novelesca como falsa- de la genealogía de una comunidad de amebas. La obra relata, al detalle, el nacimiento de Pucky por generación espontánea y su iniciación al mundo, sin ahorrarle al lector las numerosas escenas de sexo explícito seguidas de violencia sin justificación alguna. ("¿Qué querían encontrar? ¿Moralidad en una ameba?", decía Carné).

Su libro salió a la venta en la Navidad del ’69 y fue comprado y obsequiado por miles de personas; algunos, incluso, aseguraban haberlo leído. La prensa oficial y la opositora se aunaron con porfía, a fin de instalar esta feroz polémica: "Las amebas: ¿culpables o inocentes?". Gesto inútil que, como era esperable, solo sirvió para reforzar la fama y la inocultable y creciente soberbia de Carné.

Todas las asociaciones científicas de la época se ocuparon de despojar a Carné de sus matrículas: desde la Asociación Racionalista de Montechingolos hasta el Club de Leones de Venado Tuerto, le llovieron las proscripciones. Pero para Maurice Carné ya esto era pasado, y su interés presente se enfocaba en la preparación de lo que, sin dudas, sería su obra maestra: los trece tomos de "La saga de los paramecios".

Mientras tanto, sus invenciones pseudocientíficas atraían la atención de los productores de Hollywood que ya se animaban a comparar a Maurice Carné con los más disímiles personajes: Ray Bradbury, Jacques Coustau, Daktari y La Cicciolina. Todo esto, al mismo tiempo que se apuraban a adquirir los derechos sobre Pucky.

Actualmente, uno de los más grandes estudios cinematográficos prepara su versión fílmica, esperando contar entre su reparto estelar con la participación de Keiko –más conocido por Willy-, para rodar las escenas finales de interiores, donde Pucky, encarcelado en el estómago de la orca, lucha desesperadamente contra los terribles jugos gástricos.

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