
Dedico esta humilde reflexión a mi querida mamá, Clelia, que hace dos días me dijo que volvería, pero no me dijo transformada en qué, y a la que espero y esperaré eternamente.
- Considerando a un sujeto promedio (alguien como nosotros, o poco menos) que avanza por la vida en dirección rectilínea sobre un número indeterminado de ilusiones.
- Viendo que éste hombre continúa atravesando, a saltos,
una superficie cada vez mayor entre esperanza y esperanza.
- Conjeturando que el 37,2 % de cada anhelo suyo
desfallece por causas naturales en un mediano lapso de tiempo.
- Calculando que la espera de algo determinado termina por convertirse en desesperación.
- Deduciendo de esa cifra, el importe del desespero que desesperó de sí mismo y se convirtió en un “confío”.
- Y arribando al instante en el cual, como el cuerpo en su tumba, ya puede esperar todo porque se ha quedado sin nada.
- De todo lo dicho, y a modo de ejercitación existencial, les propongo establecer lo siguiente:
a- Dónde comienza la espera.
b- Dónde termina.
c- Y qué longitud nos separa de los seres que amamos y a los que seguimos esperando que vuelvan con nosotros.
5 comentarios:
Solo vos podés escribir tan bien Marcelo. De veras, solo vos. Para vos, esperanza y fuerza. Recordá que "la paz de Dios, que supera todo pensamiento" puede ayudarnos a tener mejor espectativa sobre cómo resolver este cálculo.
Después de todo, la esperanza de Dios mismo siempre ha sido que vos, tu mamá y yo también vivamos eternamente (y que nuestra espera muy pronto termine), por que Dios mismo promete que pronto "limpiará toda lágrima de tus ojos, y la muerte no será más, ni habrá ya mas lamento, clamor ni dolor; las cosas anteriores [habrán pasado]" (Apocalipsis 21:4)
Un fuerte abrazo.
dz
Marce,
siempre te leo, nunca comento... este es el momento. Compartir lo que nos pasa a traves de lo que escribimos es la mejor señal de que existimos y que seguiremos existiendo siempre, como todos aquellos a quienes amamos...
Desde acá, esperando encontrarte uno de estos dias... mis cariños...
saludos
Natalia (de ecuador)
Un abrazo grande, desde Venezuela.
Desde donde la tristeza y la esperanza se tocan, te mando un fuerte abrazo.
J.Crainich
es usted profundo como el Mar......
yo también tengo ese dilema.... me hago esas interrogantes sin poder contestármelas..... quién lo sabrá?
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