
Yo no sé cuándo le llega a ustedes la hora de la verdad, pero en mi caso particular nunca llega por la mañana; entre las 7 y las 10 horas me encuentro con un ánimo excesivamente indulgente y estoy dispuesto a aceptar cualquier cosa que se me diga sin cuestionarme acerca de la autenticidad o la falsedad de la misma.
Pero luego, mi discernimiento se va incrementando con el paso del día y hacia las 15 horas mi sentido crítico se encuentra bastante afinado, a un punto tal que todos los engaños se me tornan evidentes y las verdades resplandecen con una luz mortecina.
El problema es que -con el devenir de las horas- el mismo sentido crítico comienza a independizarse de mi persona y, hacia las 19 horas, las verdades más incuestionables -sorber un tibio mate, por ejemplo- son refutadas acremente, acusadas de perjurio y puestas a disposición de mi Poder Judicial Interno.
Pero, a eso de las 22 horas (cuando la duda ya hizo todos los estragos que pudo y se retiró, satisfecha) las verdades son puestas en libertad condicional por falta de pruebas, y se les pide las debidas disculpas por las palizas recibidas.
Mas, después de la medianoche, mi mente, -ya desconcertada y perdida-, está lo suficientemente preparada por las experiencias del día como para ser capaz de reconocer y abrazar a la verdad en su pureza más prístina. Llegan las 2 de la mañana -la hora de los borrachos y los iluminados- y la Verdad -¡por fin!- se manifiesta.
Pero yo ya no estoy allí para recibirla.
1 comentario:
Buenas tardes Marcelo!
He tenido la dicha de conocer tus escritos por medio de Daniel Hdez.de IPC. Yo formo parte del equipo creativo de dicha agencia. Pero bueno, escribo para expresar que me resulta sumamente interesante la forma en que escribís, la perspectiva que le das a las situaciones y el uso de las palabras...Considero que contás con un verdadero talento!
Gracias por compartirlo con el mundo!
Un placer.
Lo olvidaba! "La Hora de la Verdad" es genial!
Lorena Salas
Creativa
IPC Bates.
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