miércoles

Peristilo



En general no me gusta escribir. Me gusta haber escrito. Y sigo soñando con hacer un libro que se pueda leer sin tener que depender de este asunto de las palabras.

¿Sabés por qué faltaron los Leiva's News durante un largo períododo de mi vida? (Y quizás de la tuya) Porque estuve muy ocupado tratando de escribir sin tocar una palabra. Dedicándome a construir mi carrera literaria sobre la base de no tener que escribir ni un pepino.

Eso no quiere decir que me haya quedado sin palabras. Durante mucho tiempo las junté y las guardé, por si acaso. Como clavos viejos en envases de mermelada sin etiqueta, almacenaba palabras como: "albur", "nictalopía", "longanimidad" o "reconcomio".

Una mañana de primavera me levanté con ganas de escribir algo, pero no encontré más palabras. Algunas se pudrieron. Otras se fugaron.
La palabra "desmanicomialización" se metió en algún libro de psiquiatría. A la palabra zahir le fue muy bien: consiguió un buen trabajo en un libro de Coelho y ahora aparece en todos lados, pero ya me mira con indiferencia.

Sólo me aguardaba una palabra: "Peristilo". Recuerdo que hice un hueco entre mis manos, la tomé y la acuné como a un hamster. “Te voy a cuidar, te voy escribir en una hoja blanca, te voy a poner por todos lados, te voy a hacer una novela histórica de veintisiete tomos que se llame ‘El Peristilo’”, le canturreaba con ternura. Después llené las paredes del barrio con esa palabra.

Peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo, peristilo.

Algunas palabras, ya descompuestas por el paso del tiempo, andaban flotando por el aire. Se volvieron otra cosa: ni sonido ni silencio. En mi apartamento ya no se podía ni pensar, por tanta palabra suelta no dicha ni escrita. Atraídas por el olor a desintegración se aparecieron otras más, de puro curiosas. Y mi vida se llenó de palabras reales y aparentes. Yo atrapé las que pude y empecé a escribir.

Hoy sospecho de mí mismo. Hoy supongo que estas líneas son el último paso dentro de un plan maestro inconsciente e involuntario. Una trampa que me tendí yo mismo sin pedir mi aprobación. Que la pereza de no escribir algunos meses, hace mucho tiempo, fue la invención y causa de este texto para poder existir. Y que escribir es el camino más largo, retorcido y complicado de hacer silencio.

Peristilo.

2 comentarios:

Rogelio H. Umaña dijo...

Me sentí muy identificado. En mi bulto también guardo palabritas apresadas bajo el dudoso trato de ulterior libertad condicional.

No te lo digo como un albur, de hecho te lo escribo con el reconcomio de un escritor nictálope que se aprovecha constantemente de la longanimidad de nuestro idioma.

Eso sí, como esos creativos jóvenes que sueñan con trabajar en la agencia de moda, tengo la ligera sospecha que mis palabras preferirían laborar para este Blog.

Anónimo dijo...

si!!!!!! haga un libro con imágenes.... desprendase de las palabras, hable otro lenguaje... puede conseguir, sin duda, quien o quienes le comprenda.....


un beso cariñoso